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¿Está llegando a su fin el Reino Unido? Escocia, Gales e Irlanda del Norte desafían a Westminster

hace 3 días
7 min de lectura

Por el Lic. en Ciencia Política Antonio Tony Gallardo

Un nuevo capítulo en la crisis territorial británica

El Reino Unido atraviesa uno de los momentos más importantes de su historia constitucional reciente.

El 14 de septiembre de 2026, dirigentes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunieron en Cardiff y firmaron un memorando de entendimiento para coordinar sus demandas de autodeterminación y defender el derecho de sus respectivas naciones a decidir su futuro constitucional. El hecho fue presentado como una señal de cooperación inédita entre los movimientos independentistas de las tres naciones.

La frase que sintetizó el encuentro fue contundente: “Westminster's time is coming to an end”, en referencia al poder político concentrado históricamente en Westminster, sede del Parlamento británico.

Pero hay que hacer una aclaración importante: el memorando no significa que Escocia, Gales e Irlanda del Norte se hayan independizado. Tampoco establece por sí mismo la disolución del Reino Unido. Se trata de un acuerdo político que busca coordinar las demandas nacionalistas y aumentar la presión sobre el Gobierno británico para avanzar hacia cambios constitucionales.

Y aquí aparece una pregunta central para la Ciencia Política:

¿Estamos frente a una verdadera crisis de Estado o frente a una nueva etapa de negociación sobre cómo distribuir el poder dentro del Reino Unido?

 

El problema no es solamente la independencia

Para entender lo que ocurre hay que mirar la estructura política británica.

El Reino Unido está compuesto por cuatro naciones: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Desde finales de la década de 1990, Escocia, Gales e Irlanda del Norte cuentan con instituciones propias de autogobierno mediante el proceso conocido como devolution.

Esto significa que Londres cedió determinadas competencias políticas a instituciones territoriales.

Sin embargo, el Reino Unido continúa siendo un único Estado soberano.

La tensión aparece porque los movimientos nacionalistas consideran que la devolución de competencias no alcanza y reclaman mayores niveles de autonomía o directamente la independencia.

La profesora Ailsa Henderson, politóloga de la Universidad de Edimburgo y especialista en comportamiento político, identidad nacional y política territorial, estudia precisamente cómo la identidad y las instituciones territoriales influyen en las preferencias políticas dentro del Reino Unido. Su investigación muestra que las preferencias sobre la organización territorial del Estado están relacionadas con la identidad nacional, pero también con la percepción de los intereses propios de cada territorio.

Esto permite entender algo fundamental:

el conflicto no es únicamente económico; también es una disputa sobre identidad, representación y soberanía.

 

Escocia: el principal desafío

Escocia es probablemente el caso más desarrollado del movimiento independentista.

En 2014 se realizó un referéndum en el que los votantes rechazaron la independencia y optaron por permanecer en el Reino Unido.

Sin embargo, el debate no desapareció.

El Brexit modificó nuevamente el escenario político porque Escocia votó mayoritariamente por permanecer en la Unión Europea, mientras que el Reino Unido en su conjunto decidió abandonar el bloque.

Desde entonces, el argumento independentista escocés incorporó una nueva dimensión:

la posibilidad de que una Escocia independiente vuelva a vincularse con Europa.

El politólogo James Mitchell, profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Edimburgo, lleva décadas investigando nacionalismo, descentralización, relaciones entre gobiernos y política territorial escocesa.

Mitchell ha advertido recientemente que el memorando firmado en Cardiff tiene una dimensión principalmente política y simbólica y que todavía existen enormes dificultades institucionales para transformar ese reclamo en procesos efectivos de independencia.

Por lo tanto, debemos diferenciar:

reclamar independencia no es lo mismo que conseguirla.

 

Gales: un fenómeno que merece atención

Gales representa otro escenario.

El movimiento independentista galés históricamente tuvo menos fuerza que el escocés. Sin embargo, el panorama político de 2026 muestra un cambio significativo: los sectores partidarios de una mayor autonomía tienen ahora una posición política mucho más importante.

El caso galés demuestra que el conflicto territorial británico no se limita a Escocia.

Es decir:

el problema para Londres ya no es solamente el nacionalismo escocés.

Ahora existe una coordinación política entre distintos territorios.

 

Irlanda del Norte: un caso completamente diferente

Aquí debemos tener mucho cuidado.

Irlanda del Norte no puede analizarse exactamente igual que Escocia o Gales.

Su situación constitucional está vinculada al Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que contempla la posibilidad de realizar una consulta sobre la reunificación de Irlanda bajo determinadas condiciones.

Por eso, mientras Escocia y Gales no poseen actualmente un mecanismo constitucional equivalente para convocar automáticamente un referéndum de independencia, Irlanda del Norte tiene un camino jurídico específico relacionado con la cuestión de la reunificación.

Desde la Ciencia Política, entonces, podemos hablar de tres conflictos territoriales diferentes que ahora están coordinando sus discursos.

Escocia busca independencia.

Gales plantea una transformación profunda de la relación con Westminster.

Irlanda del Norte debate su posible reunificación con Irlanda.

No son exactamente el mismo proceso.

 

¿Puede desaparecer el Reino Unido?

La respuesta responsable es:

es posible imaginar distintos escenarios, pero hoy no puede afirmarse que la desaparición del Reino Unido sea inevitable.

El memorando de Cardiff aumenta la presión política sobre Westminster, pero todavía existen enormes obstáculos jurídicos, económicos, institucionales y electorales.

La profesora Ailsa Henderson dirige además el Scottish Election Study, un proyecto académico financiado por el ESRC que estudia las actitudes políticas de los ciudadanos escoceses. Su trabajo demuestra la importancia de analizar las preferencias ciudadanas y no solamente las declaraciones de los dirigentes políticos.

Y esto es central.

Porque una cosa es que los partidos nacionalistas quieran avanzar hacia la independencia y otra diferente es que exista un mandato social suficiente y sostenido para hacerlo.

 

¿Qué podría pasar si Escocia se independiza?

Aquí entramos en el terreno de la geopolítica.

Una independencia escocesa obligaría a renegociar cuestiones como:

  • fronteras;

  • deuda pública;

  • moneda;

  • comercio;

  • ciudadanía;

  • relaciones con la Unión Europea;

  • defensa;

  • fuerzas armadas;

  • bases militares;

  • inteligencia;

  • pertenencia a organismos internacionales;

  • distribución de activos y obligaciones del Reino Unido.

El politólogo Daniel Kenealy, de la Universidad de Edimburgo, ha estudiado específicamente las consecuencias internacionales que podría tener una eventual independencia escocesa y las restricciones que enfrentaría un nuevo Estado en materia de política exterior y seguridad.

Por eso, la independencia no sería simplemente levantar una nueva bandera.

Sería construir un nuevo Estado soberano.

 

Y aparece una pregunta argentina: ¿qué pasa con Malvinas?

Aquí encontramos uno de los aspectos geopolíticos más interesantes para Argentina.

Una eventual fragmentación del Reino Unido no significaría automáticamente un cambio de soberanía sobre las Islas Malvinas.

Esta distinción es fundamental.

La cuestión Malvinas constituye una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido y tiene un tratamiento específico en Naciones Unidas.

Por lo tanto, aunque Escocia se independizara, no existiría una transferencia automática de las Islas Malvinas a la Argentina.

De hecho, el propio Gobierno británico mantiene actualmente su posición de que la soberanía corresponde al Reino Unido y continúa considerando la defensa de las islas como una responsabilidad de su política de defensa.

Pero eso no significa que una transformación del Reino Unido sea irrelevante para Argentina.

 

El verdadero impacto sobre Malvinas sería geopolítico

Si el Reino Unido sufriera una profunda transformación territorial, podrían modificarse algunos elementos estratégicos:

1. Defensa

La independencia de Escocia podría obligar a Londres a reorganizar determinados recursos militares y estratégicos.

2. Bases militares

La separación territorial podría afectar la infraestructura militar británica y la distribución de sus fuerzas.

3. Política exterior

Un Reino Unido territorialmente diferente podría tener que redefinir prioridades internacionales.

4. Relación con Europa

Una eventual Escocia independiente podría buscar una relación diferente con la Unión Europea.

5. Atlántico Sur

Cualquier modificación importante de la estructura militar británica tendría interés estratégico para Argentina porque el Reino Unido mantiene una presencia militar en el Atlántico Sur.

Pero debemos evitar una conclusión simplista:

que el Reino Unido se debilite internamente no significa que Argentina recupere automáticamente la soberanía sobre Malvinas.

Son dos procesos jurídicos y políticos diferentes.

 

El factor militar

La cuestión militar es especialmente importante.

Investigaciones sobre las consecuencias de una eventual independencia escocesa han señalado que la separación produciría importantes desafíos para la estructura de defensa británica y para la futura organización militar de Escocia.

La propia documentación británica sobre defensa reconoce que una separación implicaría cuestiones complejas relacionadas con la división de activos, bases, fuerzas armadas y responsabilidades estratégicas.

Por eso, desde una perspectiva geopolítica, la pregunta argentina no debería ser solamente:

“¿Se va a desintegrar el Reino Unido?”

La pregunta más interesante sería:

“¿Cómo cambiaría el poder británico en el Atlántico Sur si cambiara profundamente la estructura territorial y política del Reino Unido?”

Ahí está el verdadero debate.

 

La Ciencia Política y el futuro del Reino Unido

El caso británico nos permite observar un fenómeno clásico de la política contemporánea:

la tensión entre Estado, nación y territorio.

Un Estado puede contener diferentes identidades nacionales.

El problema aparece cuando una parte importante de esas comunidades comienza a considerar que sus intereses políticos pueden estar mejor representados mediante instituciones propias.

Henderson estudia justamente cómo identidad nacional, descentralización e instituciones territoriales influyen en las actitudes políticas dentro de los Estados multinacionales.

James Mitchell, por su parte, coloca el foco en el nacionalismo, la descentralización y las relaciones entre los distintos niveles de gobierno.

Y Daniel Kenealy permite incorporar la dimensión internacional: una independencia no solamente cambia la política interna, sino también la posición del nuevo Estado en el sistema internacional.

 

Una nueva etapa para Europa

El Reino Unido enfrenta así una paradoja.

Durante siglos construyó una de las estructuras estatales más poderosas del mundo.

Pero en el siglo XXI enfrenta una pregunta que parece mucho más básica:

¿qué mantiene unido a un Estado cuando sus distintas naciones comienzan a imaginar futuros políticos diferentes?

Escocia, Gales e Irlanda del Norte no tienen necesariamente el mismo proyecto.

Tampoco tienen el mismo respaldo social ni el mismo camino jurídico.

Pero por primera vez en mucho tiempo sus principales fuerzas nacionalistas están intentando coordinar políticamente sus reclamos.

Y eso convierte al encuentro de Cardiff en un acontecimiento que merece ser observado

¿Y qué debe mirar Argentina?

Para nuestro país, el proceso merece seguimiento por una razón concreta: la cuestión Malvinas está vinculada a la política exterior, la defensa y la presencia británica en el Atlántico Sur.

Una eventual transformación del Reino Unido podría modificar determinadas condiciones estratégicas.

Pero sería incorrecto afirmar que una eventual independencia de Escocia, Gales o Irlanda del Norte resolvería por sí misma la cuestión de soberanía de las Malvinas.

Lo que sí podría cambiar es el contexto geopolítico en el que esa disputa se desarrolla.

Y esa diferencia es fundamental.

 

El Reino Unido no se está desintegrando automáticamente por la firma de un memorando.

Pero algo sí está ocurriendo:

el modelo tradicional de poder concentrado en Westminster está siendo cuestionado desde sus propios territorios.

La discusión ya no es únicamente escocesa.

Ahora involucra a Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Y cuando tres de las cuatro naciones que integran el Reino Unido comienzan a coordinar sus demandas constitucionales, estamos frente a un fenómeno político que merece ser analizado con atención.

Porque en geopolítica una cosa es la caída de un Estado y otra, mucho más lenta y compleja, es la transformación de su poder.

Y quizás esa sea la verdadera pregunta que empieza a abrirse en Europa: no si el Reino Unido desaparecerá mañana, sino qué tipo de Reino Unido existirá dentro de diez o veinte años.

Esto es Momento Político: acá no solo leemos los títulos, los analizamos desde la Ciencia Política.

 

1 comentario


Jorge Gallardo
Jorge Gallardo
hace 2 días

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