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Elecciones en Israel: Netanyahu resiste, Eisenkot desafía al poder y los partidos árabes ganan protagonismo

hace 6 días
8 min de lectura

La disputa por el gobierno israelí expone una sociedad dividida por la seguridad, las guerras y el futuro político del país. Con el recuento todavía en marcha, ningún bloque alcanza los 61 escaños necesarios para asegurarse una mayoría parlamentaria.


Por el Lic. en Ciencia Política Antonio Tony Gallardo | Momento Político

Las elecciones parlamentarias de Israel del 27 de octubre de 2026 abrieron un nuevo capítulo en la crisis política de uno de los países más estratégicos de Medio Oriente. El primer ministro Benjamín Netanyahu busca conservar el poder frente al desafío opositor encabezado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel. Mientras tanto, los partidos árabes registran una representación parlamentaria histórica y podrían convertirse en actores decisivos para definir la próxima coalición de gobierno.

Los primeros resultados mostraron un escenario sin una mayoría clara. Con más del 70 % de los votos escrutados, el bloque de Netanyahu reunía 54 escaños, mientras la oposición encabezada por Eisenkot se encontraba por detrás. Las actualizaciones posteriores mantuvieron al oficialismo en 54 bancas, pero también reflejaron el crecimiento de la representación árabe.

La cuestión central no es solamente quién obtuvo más votos. En Israel, la elección del primer ministro depende de la capacidad de construir una mayoría parlamentaria viable.

Según informó The Times of Israel el 28 de octubre, con aproximadamente el 84,5 % de las urnas contabilizadas, el bloque de Netanyahu sumaba 54 escaños, el de Eisenkot alcanzaba 49 y los partidos árabes reunían 17. Se trata de resultados parciales, sujetos a modificaciones durante el escrutinio.

Un resultado electoral que va más allá de Netanyahu

Para comprender estas elecciones debemos observar tres dimensiones: la política interna, la seguridad nacional y la posición de Israel en el tablero internacional.

Netanyahu es una de las figuras más influyentes y duraderas de la política israelí. Su liderazgo se apoya en una combinación de nacionalismo, seguridad, alianzas con partidos religiosos y una estrategia internacional que mantiene una estrecha relación con Estados Unidos.

Sin embargo, su permanencia en el poder también está atravesada por fuertes controversias. Los ataques encabezados por Hamás el 7 de octubre de 2023, las guerras posteriores y las críticas por los fallos de seguridad generaron un debate profundo sobre las responsabilidades del gobierno.

En estas elecciones, la ciudadanía no solamente evaluó la gestión económica o las propuestas partidarias. También puso en discusión la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de su población y la conducción política durante una etapa de guerra y elevada tensión regional.

Eisenkot representa una alternativa opositora con experiencia militar, aunque su desafío consiste en transformar el descontento con Netanyahu en una mayoría parlamentaria capaz de gobernar.

En términos de Ciencia Política, una cosa es ganar terreno electoral y otra muy distinta es construir poder institucional.

El contexto histórico: un Estado marcado por la seguridad

Israel fue fundado en 1948, en el contexto de la retirada británica de Palestina y de la partición del territorio propuesta por Naciones Unidas en 1947. La creación del Estado estuvo acompañada por una guerra entre Israel y países árabes vecinos, así como por el desplazamiento de una gran cantidad de palestinos, un acontecimiento conocido por los palestinos como la Nakba.

Desde entonces, el conflicto israelí-palestino y las guerras regionales han influido profundamente en la organización política, las prioridades de seguridad y la identidad nacional israelí.

En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó Cisjordania, Jerusalén Este, Gaza, la península del Sinaí y los Altos del Golán. Posteriormente, devolvió el Sinaí a Egipto como parte del tratado de paz de 1979. La ocupación de territorios palestinos y la falta de una solución definitiva al conflicto continúan siendo cuestiones centrales de la política regional.

Los acuerdos de Oslo de la década de 1990 abrieron una etapa de negociaciones entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, pero no lograron resolver las disputas fundamentales sobre fronteras, asentamientos, Jerusalén, refugiados y soberanía palestina.

La retirada israelí de Gaza en 2005, la toma del control del territorio por Hamás en 2007 y las sucesivas confrontaciones militares profundizaron la división política y territorial palestina.

El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí en Gaza marcaron un nuevo punto de inflexión. La guerra amplió las tensiones con Hezbolá en Líbano y con Irán, además de incrementar la presión diplomática internacional sobre Israel.

Por eso, las elecciones de 2026 no pueden analizarse como una competencia electoral aislada: constituyen también una evaluación política de la conducción del país durante una de las etapas más difíciles de su historia reciente.


¿Cómo funciona el sistema político israelí?

Israel posee un sistema parlamentario unicameral. Su Parlamento, conocido como la Knéset, está compuesto por 120 miembros elegidos mediante representación proporcional a partir de listas partidarias nacionales.

Para ingresar al Parlamento, una lista debe superar el umbral electoral del 3,25 % de los votos válidos.

La mayoría parlamentaria de referencia es de 61 escaños. Sin embargo, el partido que obtiene más bancas no se convierte automáticamente en gobierno: debe reunir apoyos suficientes para formar una coalición.

Esta característica explica por qué partidos relativamente pequeños pueden adquirir una influencia considerable. En un Parlamento fragmentado, sus votos pueden resultar indispensables para aprobar leyes, sostener un gobierno o bloquear la formación de una coalición rival.

El presidente de Israel consulta a los representantes políticos y encarga la formación del gobierno al legislador que considera con mayores posibilidades de reunir los apoyos necesarios. El proceso puede extenderse durante semanas y requiere negociaciones sobre políticas públicas, ministerios y compromisos legislativos.

En consecuencia, los 54 escaños del bloque de Netanyahu representan una posición competitiva, pero no garantizan por sí solos la continuidad de su gobierno.

Los partidos árabes: de la representación a la capacidad de negociación

Uno de los datos más relevantes de la elección es el avance de los partidos árabes, que representan políticamente a sectores de la ciudadanía árabe de Israel, incluidos ciudadanos palestinos de Israel.

Su crecimiento tiene una importancia que va más allá del número de bancas. En un sistema donde ningún bloque alcanza por sí mismo la mayoría, estos partidos pueden influir en las negociaciones para formar gobierno.

No obstante, conviene establecer una diferencia: obtener representación parlamentaria no equivale automáticamente a integrar una coalición gubernamental. Las decisiones dependerán de las posiciones políticas de cada partido, de las condiciones que impongan y de la disposición de los bloques rivales a negociar.

La participación de partidos árabes en acuerdos parlamentarios no es inédita. El gobierno de Naftali Bennett, formado en 2021, contó con la participación de Ra'am, una formación árabe islamista, dentro de una coalición heterogénea.

Pero la posibilidad de repetir una experiencia semejante depende de las circunstancias políticas actuales y de las resistencias que existen dentro de los principales partidos israelíes.

Desde una perspectiva democrática, el resultado también plantea una pregunta importante: ¿hasta qué punto la representación electoral de una minoría se traduce en influencia efectiva sobre las decisiones del Estado?

La respuesta no depende solamente de cuántos representantes ingresan al Parlamento, sino también de si pueden negociar acuerdos y convertir sus demandas en políticas públicas.

La mirada de la Ciencia Política: tres conceptos para interpretar la elección

1. Arend Lijphart y la democracia de consenso

El politólogo Arend Lijphart estudió cómo funcionan los sistemas democráticos caracterizados por sociedades divididas y múltiples partidos. En sus investigaciones sobre la democracia de consenso, explicó la importancia de las negociaciones, las coaliciones y los acuerdos entre sectores diferentes.

Su enfoque permite comprender por qué, en Israel, una elección no termina necesariamente cuando se cuentan los votos. La construcción de una mayoría requiere articular intereses políticos, religiosos, nacionales y sociales que no siempre coinciden.

Referencia: Arend Lijphart, Patterns of Democracy: Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries (1999; segunda edición, 2012).

2. Juan J. Linz y las diferencias entre presidencialismo y parlamentarismo

El politólogo Juan J. Linz analizó las diferencias entre los sistemas presidenciales y parlamentarios, así como sus implicancias para la estabilidad política.

En un régimen parlamentario como el israelí, el gobierno depende de mantener apoyos suficientes dentro del Parlamento. Por eso, un primer ministro puede encabezar el partido más votado y, aun así, enfrentar dificultades para sostenerse en el poder si no consigue aliados.

La lección es clara: el liderazgo personal importa, pero las instituciones y las alianzas determinan cuánto poder puede ejercer un dirigente.

Referencia: Juan J. Linz, “The Perils of Presidentialism”, Journal of Democracy (1990).

3. Max Weber y la legitimidad del poder

El sociólogo alemán Max Weber sostuvo que el poder político no se explica solamente por la capacidad de imponer decisiones, sino también por las formas de legitimidad que permiten que una autoridad sea reconocida como válida.

Aplicado a estas elecciones, el concepto invita a diferenciar entre la legitimidad electoral, la capacidad institucional de gobernar y la confianza social en los dirigentes.

Netanyahu puede conservar una base electoral importante, pero la continuidad de su liderazgo también depende de su capacidad para formar gobierno, responder a las críticas sobre la seguridad y sostener la confianza de sus aliados.

Referencia: Max Weber, Economía y sociedad (publicación póstuma, 1922).

La dimensión geopolítica: Estados Unidos, Irán y la cuestión palestina

El resultado electoral israelí tiene repercusiones que exceden las fronteras del país.

La relación con Estados Unidos constituye uno de los principales pilares estratégicos de Israel. La cooperación militar, la asistencia en materia de seguridad y la coordinación diplomática forman parte de una alianza de larga duración.

Sin embargo, esa relación también puede verse sometida a tensiones por la evolución de las guerras, la situación humanitaria en Gaza y las diferencias sobre la estrategia regional.

Irán constituye otro eje central. La rivalidad entre ambos países combina cuestiones militares, nucleares, estratégicas y de influencia regional. La relación con Hezbolá en Líbano y con otros actores armados vinculados a Teherán amplía el alcance de esa confrontación.

Por su parte, la cuestión palestina continúa siendo determinante para la estabilidad regional. Las decisiones sobre Gaza, Cisjordania, los asentamientos y las perspectivas de un Estado palestino afectan las relaciones de Israel con los países árabes y con buena parte de la comunidad internacional.

Por eso, un cambio de gobierno podría modificar las prioridades, el estilo diplomático o las negociaciones, aunque no necesariamente supondría una transformación inmediata de la política exterior israelí.

En geopolítica, los gobiernos cambian, pero los intereses estratégicos, las instituciones y las amenazas percibidas suelen mantener una continuidad considerable.

¿Qué puede pasar después de las elecciones?

El escenario abre tres posibilidades principales.

La primera es que Netanyahu logre reunir apoyos adicionales y forme una coalición que le permita continuar en el poder.

La segunda es que Eisenkot consiga articular una mayoría alternativa con sectores políticos diversos, incluidos eventualmente partidos árabes o fuerzas que no quieran un nuevo gobierno encabezado por Netanyahu.

La tercera es que las negociaciones fracasen y el país atraviese un período prolongado de incertidumbre institucional, con la posibilidad de nuevas elecciones si no se consigue formar un gobierno.

Ninguno de estos escenarios debe presentarse como inevitable. Su concreción dependerá del resultado definitivo, de las negociaciones entre los partidos y de las condiciones que cada fuerza establezca para apoyar una coalición.

Conclusión: ganar una elección no siempre significa controlar el poder

Las elecciones israelíes del 27 de octubre de 2026 muestran que el poder político no se mide únicamente por la cantidad de votos obtenidos. También depende de la capacidad de construir mayorías, negociar intereses y sostener una autoridad institucional.

Netanyahu conserva posibilidades de continuar, pero enfrenta el desafío de reunir los apoyos que necesita. Eisenkot tiene la oportunidad de transformar el avance opositor en una alternativa de gobierno, aunque deberá superar sus propias dificultades para articular una coalición. Los partidos árabes, por su parte, ganan protagonismo en una disputa donde cada escaño puede resultar decisivo.

La pregunta geopolítica de fondo es si Israel podrá construir una conducción política capaz de responder simultáneamente a sus desafíos de seguridad, a las divisiones internas y a las presiones internacionales.

Porque una elección puede determinar quién administra el Estado, pero no resuelve por sí sola los conflictos históricos que atraviesan a una sociedad.

Esto es Momento Político: acá no solo leemos los títulos, analizamos cómo se construye, se disputa y se ejerce el poder.


Fuentes y lecturas para ampliar

  • Reuters: cobertura del empate político y de los resultados iniciales. Leer la información

  • The Times of Israel: actualización del escrutinio, con el reparto parcial de escaños entre los bloques. Consultar los resultados

  • El País: análisis en español sobre la victoria electoral de Netanyahu y las dificultades para formar una mayoría. Leer el artículo

  • The Times of Israel / Jewish Telegraphic Agency: guía sobre el sistema electoral, los partidos y el proceso de formación del gobierno. Consultar la guía electoral

  • Arend Lijphart: Patterns of Democracy (1999; segunda edición, 2012).

  • Juan J. Linz: “The Perils of Presidentialism”, Journal of Democracy (1990).

  • Max Weber: Economía y sociedad (1922).

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