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Lula da Silva hace historia en Brasil: cuarto mandato, una remontada electoral y un nuevo escenario para América Latina

25 oct
6 min de lectura

El presidente brasileño fue reelegido tras superar a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta del 25 de octubre. La victoria reabre el debate sobre el futuro del Mercosur, la relación con Javier Milei y la influencia de Donald Trump en la política latinoamericana.


Por el Lic. en Ciencia Política Antonio "Tony" Gallardo

Brasil volvió a convertirse en el centro de la discusión política regional. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió la reelección presidencial en una elección marcada por la polarización, la disputa entre dos proyectos políticos diferentes y una remontada que quedará registrada en la historia electoral del país.

Con el 99,9% de las urnas contabilizadas, Lula obtuvo aproximadamente el 51,77% de los votos válidos, frente al 48,23% de Flávio Bolsonaro, según los datos difundidos por la Justicia Electoral brasileña. De esta manera, el dirigente del Partido de los Trabajadores continuará en el Palacio del Planalto durante el período 2027-2030 y alcanzará su cuarto mandato presidencial no consecutivo.

La particularidad de esta elección es que Lula había terminado segundo en la primera vuelta. El resultado final demuestra que la competencia electoral todavía podía cambiar y que la movilización de los votantes durante las últimas semanas resultó central para modificar el escenario.

Una remontada que cambió el escenario electoral

La cobertura de los medios brasileños permite identificar distintas dimensiones de la victoria.

La Agencia Brasil, en su artículo titulado “Lula é reeleito presidente do Brasil em virada histórica”, puso el foco en la movilización en las calles y en las redes sociales. La reconstrucción periodística destacó el papel de la comunicación digital y de la organización territorial en el crecimiento de la campaña durante la segunda vuelta.

Por su parte, CNN Brasil tituló: “Lula ganhou 10,3 milhões de votos entre 1º e 2º turnos; Flávio, 3,7 milhões”. La comparación muestra una diferencia importante en la incorporación de votos entre ambas instancias: Lula amplió su caudal electoral en aproximadamente 10,3 millones, mientras que Flávio sumó unos 3,7 millones.

UOL, en tanto, describió el resultado como una “virada histórica”, al destacar que Lula terminó segundo en la primera vuelta y consiguió imponerse en la definición presidencial.

Estas coberturas coinciden en un punto: el resultado no puede explicarse solamente por el voto tradicional del Partido de los Trabajadores. También hay que considerar la capacidad de ampliar apoyos, la movilización política y la disputa por los electores que no tenían una adhesión incondicional a ninguno de los dos candidatos.

La lectura desde la Ciencia Política: no alcanza con ganar la primera vuelta

Para comprender lo sucedido, es útil recuperar los aportes del politólogo estadounidense Robert Dahl, quien estudió la competencia política, el pluralismo y las condiciones de las democracias contemporáneas.

Desde esa perspectiva, las elecciones son mucho más que una competencia entre candidatos: constituyen un mecanismo institucional mediante el cual la ciudadanía expresa preferencias y define quién ejercerá el poder.

El caso brasileño demuestra que una ventaja inicial no garantiza el resultado final. Entre una vuelta y otra pueden modificarse las alianzas, las prioridades de los votantes, la participación y la capacidad de comunicación de las campañas.

Sin embargo, tampoco sería correcto afirmar que todos los electores que cambiaron su voto lo hicieron por una única razón. Para determinar qué factores fueron decisivos sería necesario estudiar encuestas posteriores a la elección, comportamientos por región y datos socioeconómicos.

La conclusión política es clara: el resultado debe analizarse como una combinación de competencia electoral, movilización social y capacidad para construir una mayoría en una sociedad profundamente dividida.

Lula y Flávio Bolsonaro: dos proyectos en disputa

La elección volvió a poner frente a frente dos tradiciones políticas diferentes.

Lula representa al Partido de los Trabajadores, una fuerza que reivindica la intervención del Estado en el desarrollo económico, las políticas sociales y la protección de los ingresos de los sectores populares.

Flávio Bolsonaro, por su parte, representa la continuidad del espacio político construido por su padre, Jair Bolsonaro, con una agenda conservadora y una fuerte crítica a la izquierda brasileña.

La diferencia no se limita a las ideas económicas. También incluye debates sobre seguridad, políticas sociales, instituciones, derechos y el papel de Brasil en el escenario internacional.

El resultado electoral no significa que la sociedad brasileña haya abandonado el bolsonarismo. La diferencia entre ambos candidatos fue relativamente estrecha y casi la mitad de los votos válidos correspondió a Flávio Bolsonaro.

Por eso, Lula deberá gobernar en un escenario donde una parte considerable de la ciudadanía seguirá identificándose con la oposición. La construcción de acuerdos legislativos y la capacidad de responder a las demandas sociales serán determinantes para su próximo mandato.

¿También fue una derrota política para Donald Trump?

La reelección de Lula tiene una dimensión internacional que excede las fronteras brasileñas.

La Agencia Brasil recogió las interpretaciones de medios internacionales que describieron la victoria como un revés para Trump y para el avance regional de los sectores conservadores. La cobertura de Associated Press, reproducida en ese panorama periodístico, también vinculó el resultado con la disputa por la influencia estadounidense en América Latina.

Pero es importante establecer una diferencia: Trump no participó como candidato en la elección brasileña. Por lo tanto, no perdió una elección presidencial. Lo que puede interpretarse como un revés es el resultado político para una estrategia regional que buscaba fortalecer a dirigentes ideológicamente cercanos al trumpismo.

La victoria de Lula demuestra que los electorados latinoamericanos no responden de manera automática a los alineamientos internacionales.

Para Brasil, el desafío será sostener relaciones económicas y diplomáticas con Estados Unidos sin renunciar a sus propios intereses. Para Washington, el resultado representa un escenario en el que deberá negociar con un gobierno que ha defendido una política exterior más autónoma.

Mercosur: la prueba para Lula y Javier Milei

Para la Argentina, la elección brasileña tiene una importancia estratégica. Brasil es un socio comercial central y una de las principales economías de América del Sur. Lo que suceda entre ambos gobiernos puede repercutir en la industria, las exportaciones, las inversiones y la integración regional.

Javier Milei y Lula representan visiones ideológicas diferentes. El presidente argentino promueve la desregulación y una reducción del papel económico del Estado, mientras que Lula defiende un Estado activo y una mayor coordinación regional.

Esa diferencia abre interrogantes sobre el futuro del Mercosur, pero no determina por sí sola su destino.

El bloque necesita resolver cuestiones concretas: cómo ampliar el comercio entre sus miembros, cómo mejorar la competitividad industrial, cómo atraer inversiones y cómo negociar acuerdos con otros mercados internacionales.

Si las diferencias ideológicas impiden el diálogo, la integración puede perder capacidad de acción. Si ambos gobiernos consiguen separar sus desacuerdos políticos de los intereses económicos compartidos, podrán mantener espacios de cooperación.

Para Milei, el resultado implica tener que relacionarse durante los próximos años con un presidente brasileño que continuará defendiendo un proyecto político diferente. Para Lula, supone la responsabilidad de sostener el vínculo con uno de los vecinos más importantes de Brasil.

La pregunta no es si ambos mandatarios piensan igual. La pregunta es si podrán construir acuerdos cuando los intereses de sus países lo requieran.

El cuarto mandato y los desafíos que vienen

Lula llega a esta nueva etapa con una trayectoria política excepcional. Fue presidente entre 2003 y 2010, regresó al poder en 2023 y ahora consiguió un nuevo mandato que se extenderá hasta 2030.

La victoria es histórica, pero también plantea exigencias. El Gobierno tendrá que responder a las expectativas de sus votantes en materia de empleo, ingresos, seguridad, servicios públicos y desarrollo económico. Al mismo tiempo, deberá administrar las demandas de una oposición que conserva una base electoral muy importante.

La continuidad presidencial no garantiza automáticamente resultados económicos ni estabilidad política. Eso dependerá de las decisiones de gobierno, la situación fiscal, el comportamiento de la economía internacional y la capacidad de construir consensos.

La elección tampoco debe interpretarse como un cheque en blanco. En una democracia, el respaldo electoral habilita a gobernar, pero la gestión posterior debe rendir cuentas por sus resultados.


Brasil eligió continuar con Lula da Silva. El resultado confirmó que la competencia política sigue abierta y que una campaña puede cambiar de rumbo entre la primera y la segunda vuelta.

La repercusión internacional de la elección también demuestra que Brasil ocupa un lugar central en la disputa por el futuro de América Latina: por su peso económico, su población y su capacidad de influir en la integración regional.

Para la Argentina, el desafío será sostener una relación pragmática con su principal socio regional, aun cuando existan diferencias ideológicas entre sus presidentes. Para Lula, la tarea será transformar la victoria electoral en resultados concretos y gobernar para una sociedad dividida.

Porque ganar una elección significa conquistar el poder. Pero la verdadera prueba de un gobierno comienza después de las urnas: cuando debe demostrar que puede mejorar la vida de la sociedad.

Momento Político — análisis de la actualidad desde la Ciencia Política.


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