Brasil 2026: el voto que fortalece a Milei, desafía a Lula y deja una advertencia para la política argentina
Por el Lic. en Ciencia Política Antonio "Tony" Gallardo
Brasil vuelve a poner a la política latinoamericana frente al espejo

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó mucho más que un resultado electoral.
Dejó señales.
Flávio Bolsonaro terminó primero con el 47,03% de los votos válidos, mientras que Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo el 45,16%. Ninguno alcanzó el 50%, por lo que ambos disputarán el balotaje del 25 de octubre.
Pero hay un dato que, desde la Ciencia Política, merece tanta atención como el resultado de los candidatos: más de 33 millones de brasileños no fueron a votar.
La abstención llegó al 21,08%, mientras que la participación fue del 78,92%.
Entonces aparece la primera pregunta:
¿Quién gana realmente cuando una elección se define entre dos candidatos, pero millones de ciudadanos deciden no participar?
1. Flávio Bolsonaro gana la primera batalla, pero no la guerra
El resultado fortalece políticamente a Flávio Bolsonaro.
No solamente porque quedó primero, sino porque logró convertir el apellido Bolsonaro en una estructura electoral que continúa funcionando aun cuando su principal referente, Jair Bolsonaro, está fuera de la competencia.
El fenómeno es políticamente interesante.
Una cosa es tener un dirigente con liderazgo personal.
Otra muy distinta es conseguir que ese liderazgo pueda transferirse electoralmente hacia un sucesor.
Flávio está demostrando que el bolsonarismo no necesariamente depende exclusivamente de Jair Bolsonaro.
Eso representa una señal importante para toda América Latina: los liderazgos personalistas pueden transformarse en identidades políticas capaces de sobrevivir a su fundador.
2. La política argentina mira a Brasil
Y acá aparece Javier Milei.
El Presidente argentino respaldó públicamente a Flávio Bolsonaro durante la campaña y felicitó al candidato brasileño después de la primera vuelta.
Por eso, el resultado brasileño tiene una lectura argentina.
Si Bolsonaro consigue llegar a la Presidencia, Milei no solamente tendría un aliado ideológico en Brasil: tendría un nuevo socio político dentro de una corriente regional de derecha que ya tiene expresiones en distintos países.
Pero cuidado.
La política internacional no funciona únicamente por afinidades ideológicas.
El politólogo brasileño Oliver Stuenkel, investigador de la Fundação Getulio Vargas, advirtió precisamente sobre este punto al analizar la intervención pública de Milei en la campaña brasileña. Según su interpretación, la tensión entre ambos gobiernos puede ser funcional a la campaña de Lula porque permite presentar la elección como una discusión sobre soberanía e injerencia externa.
Es decir:
Milei puede creer que está ayudando a Bolsonaro, mientras que políticamente sus intervenciones también pueden ser utilizadas por el adversario.
Ese es un dato que cualquier estrategia internacional debería considerar.

3. La gran advertencia: 33 millones de brasileños no votaron
Desde el punto de vista de la Ciencia Política, quizás este sea el dato más interesante.
33.441.825 electores no concurrieron a votar.
Brasil tiene voto obligatorio, aunque existen mecanismos de justificación y excepciones, y tradicionalmente registra niveles de participación cercanos al 80%.
Por eso, una abstención superior al 21% no puede ser considerada simplemente un dato administrativo.
También puede expresar distancia, desinterés, dificultades de participación o debilitamiento del vínculo entre ciudadanía y política.
Y existe una segunda cuestión:
En una elección extremadamente polarizada, cada ciudadano que no participa modifica indirectamente el peso relativo de quienes sí participan.
Por eso el balotaje será otra elección.
No alcanza con mantener los votos obtenidos.
Flávio deberá movilizar a quienes votaron por él y, al mismo tiempo, conquistar a electores de los candidatos eliminados.
Lula deberá hacer exactamente lo mismo.
4. El antecedente internacional: cuando la abstención cambia la lectura de una elección
Brasil no está solo frente a este fenómeno.
En América Latina existe desde hace años una discusión sobre el debilitamiento del vínculo entre ciudadanía, partidos y representación política.
El Latinobarómetro 2024 encontró que solamente el 40% de los latinoamericanos declara votar por un partido, mientras que el 60% se ubica en categorías como “no vota por un partido”, “ninguno”, voto nulo/blanco o no respuesta.
Brasil, según ese estudio, aparece con apenas 33% de ciudadanos que manifiestan votar por un partido, por debajo de Argentina, que registra 57%.
Esto permite entender algo importante:
el problema no es solamente quién gana una elección; también es cuánto vínculo existe entre los ciudadanos y las organizaciones políticas que pretenden representarlos.
5. Un antecedente cercano: Brasil 2022
La comparación con 2022 resulta inevitable.
En la primera vuelta de aquel año, la abstención había sido cercana al 21%. En 2026 se mantiene prácticamente en el mismo nivel.
Pero la elección de 2022 tuvo una característica particular: Lula y Jair Bolsonaro protagonizaron una polarización extraordinaria.
En el balotaje, la competencia entre ambos logró movilizar a buena parte del electorado.
Esto plantea una incógnita para el 25 de octubre:
¿La confrontación Lula–Flávio conseguirá reducir nuevamente la abstención?
Si lo consigue, el balotaje podría producir una participación mayor que la primera vuelta.
Si no lo consigue, la elección podría definirse en gran medida por la capacidad de cada campaña para movilizar a su propio núcleo electoral.
6. El antecedente colombiano: cuando el voto anti-oficialismo puede convertirse en mayoría
Colombia ofrece otro antecedente interesante para analizar la política latinoamericana contemporánea.
En distintas elecciones recientes de la región se observa un comportamiento recurrente: el electorado puede utilizar la elección presidencial para expresar aprobación o rechazo al gobierno de turno.
Esto significa que muchas veces una elección no funciona como un referéndum sobre una ideología determinada.
Funciona como un referéndum sobre la gestión.
Ese fenómeno es especialmente importante para Lula.
El presidente brasileño enfrenta ahora el desafío de explicar por qué, pese a indicadores económicos y sociales que su gobierno reivindica, una parte importante del electorado decidió colocar a Flávio Bolsonaro en primer lugar.
La política electoral no se define solamente por indicadores macroeconómicos.
También se define por la percepción ciudadana de esos indicadores.
7. Chile y la expansión de una nueva derecha regional
Otro antecedente importante es Chile.
La llegada de José Antonio Kast a la Presidencia en 2025 y los posteriores avances de sectores de derecha y centroderecha en distintos países latinoamericanos muestran que existe un cambio en el mapa político regional.
Brasil se suma ahora a esa discusión.
Pero sería un error hablar simplemente de una “derechización” automática de América Latina.
Hay algo más complejo:
una parte del electorado está buscando alternativas frente a los oficialismos tradicionales.
El cansancio con las estructuras partidarias tradicionales puede terminar favoreciendo a dirigentes que se presentan como outsiders, antisistema o representantes de una ruptura.
Ese fenómeno ya fue central en el ascenso de Milei en Argentina.
8. ¿Qué significa esto para Cristina Kirchner y el peronismo?
Acá aparece una segunda lectura para Argentina.
El caso Bolsonaro demuestra que un dirigente puede estar fuera del poder y, aun así, conservar una capacidad significativa para ordenar electoralmente a su espacio.
Eso también puede ser leído en clave argentina.
Cristina Fernández de Kirchner mantiene una identidad política propia dentro del peronismo y una capacidad de representación que no puede analizarse solamente desde los cargos institucionales que ocupa o dejó de ocupar.

La pregunta para el peronismo argentino es otra:
¿puede transformar el liderazgo de Cristina en una estructura política capaz de producir sucesión y renovación?
El caso Bolsonaro muestra que un liderazgo puede intentar construir una continuidad familiar o política.
Pero también muestra el riesgo:
cuando una fuerza depende demasiado de una persona, la sucesión se convierte en su principal problema.
La pregunta no es solamente quién conduce.
La pregunta es:
¿quién puede representar al espacio cuando el líder ya no está en condiciones de hacerlo?
9. Una elección también puede ser una disputa por el futuro
El politólogo Jairo Nicolau, uno de los especialistas brasileños en comportamiento electoral, destacó durante la campaña el peso de la estructura política del Partido Liberal y de su capacidad de organización territorial.
Esto es importante.
Las elecciones modernas no se ganan únicamente con discursos.
Se ganan con:
organización territorial;
estructura partidaria;
comunicación digital;
liderazgo;
capacidad de movilización;
identidad política;
candidatos competitivos;
y capacidad para transformar una elección presidencial en un proyecto político.
El PL consiguió además una posición legislativa muy fuerte en estas elecciones, lo que significa que el fenómeno Bolsonaro no se limita a la candidatura presidencial.
Esto cambia la discusión.
No estamos solamente frente a una elección entre Lula y Flávio.
Estamos frente a una disputa por quién tendrá capacidad para organizar el poder político brasileño durante los próximos años.
10. La lección para Argentina
La principal lección para Argentina no es que “Bolsonaro ganó”.
Todavía no ganó.
Ganó la primera vuelta.
Y eso es muy diferente.
La verdadera lección es que un liderazgo político puede sobrevivir a su fundador, convertirse en identidad electoral y disputar el poder nuevamente aun después de una derrota presidencial.
Para Milei, el resultado representa una señal positiva porque fortalece a un espacio político regional ideológicamente cercano.
Pero también contiene una advertencia.
Los liderazgos políticos no se transfieren automáticamente.
La experiencia brasileña muestra que una identidad política necesita organización, estructura territorial y capacidad de sucesión.
Y para el peronismo también existe una enseñanza.
La pregunta no debería ser únicamente cuánto conserva Cristina Kirchner de su capital político.
La pregunta debería ser:
¿qué hará el peronismo con ese capital político cuando tenga que construir una nueva generación de dirigentes?
La verdadera elección comienza ahora
El 25 de octubre Brasil tendrá una elección diferente.
Flávio Bolsonaro llega primero.
Lula llega segundo.
Pero hay más de 33 millones de electores que no participaron de la primera vuelta, además de los votos obtenidos por los candidatos que quedaron afuera.
Ahí está la verdadera batalla.
Porque en un balotaje no alcanza con tener un núcleo duro.
Hay que construir una mayoría.
Y construir una mayoría significa convencer a quienes no están convencidos.
Eso es política.
Brasil vuelve a demostrar que las elecciones latinoamericanas ya no pueden analizarse solamente desde la izquierda y la derecha.
Hay que mirar el liderazgo, la economía, la identidad, la polarización, la abstención, las estructuras partidarias y, sobre todo, la capacidad de cada dirigente para transformar descontento social en poder electoral.
Y hay una conclusión para Argentina:
Milei puede sentirse fortalecido por el resultado de Bolsonaro, pero no debería confundir una ola regional con una garantía electoral propia.
Las sociedades pueden compartir tendencias.
Pero cada sociedad vota desde su propia experiencia.
Esto es Momento Político: acá no solo leemos títulos, los analizamos.





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