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¿Cómo se mide a un Presidente: por el relato o por la realidad?

28 sept
6 min de lectura

Por el Lic. en Ciencia Política Antonio Tony Gallardo

Hay una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que analizamos a un Presidente:

¿Cómo se evalúa una gestión de gobierno?

¿Por sus discursos? ¿Por sus promesas? ¿Por los mercados? ¿Por la inflación? ¿Por el crecimiento económico? ¿Por su política exterior? ¿O por cómo vive la sociedad?

Desde la Ciencia Política, la respuesta no puede reducirse a un solo indicador.

Un gobierno construye un relato político, pero también produce resultados. Y entre ambas dimensiones aparece una cuestión fundamental: la capacidad de transformar decisiones políticas en resultados concretos para la sociedad.

El politólogo Andrés Malamud ha señalado, al analizar la experiencia democrática argentina, la importancia de la gestión gubernamental y de la capacidad de los gobiernos para resolver problemas. En su análisis sobre las transformaciones de la democracia argentina identifica precisamente la gestión gubernamental como uno de los problemas centrales de nuestro sistema político.

Por eso, analizar un gobierno no significa solamente escuchar lo que dice.

Significa también mirar qué está pasando.

La pobreza: el dato que vuelve a poner a la gestión en discusión

El INDEC informó que durante el primer semestre de 2026 el 32,3% de las personas se encontraba bajo la línea de pobreza y el 7,5% en situación de indigencia.

En términos de hogares, el 24,4% se encontraba bajo la línea de pobreza y el 5,6% bajo la línea de indigencia.

Pero hay algo todavía más interesante desde el punto de vista político.

La pobreza puede compararse con períodos anteriores y mostrar una fuerte reducción respecto de los niveles registrados en 2024. Sin embargo, en la comparación semestral más reciente se produjo un aumento.

Entonces aparecen dos realidades estadísticas que pueden coexistir:

la pobreza es considerablemente menor que en el peor momento de 2024, pero volvió a aumentar respecto del semestre anterior.

Y acá aparece la importancia del análisis político.

No se trata de elegir el dato que favorece al Gobierno o el dato que lo perjudica.

Se trata de mirar la serie completa.

Porque gobernar también significa recibir una determinada situación y dejar otra.

¿Y qué ocurre con los Presidentes que fueron reelegidos en contextos de pobreza?

Existe un antecedente histórico interesante.

Carlos Menem fue reelegido en 1995 con el 47,49% de los votos. Ese mismo año, la medición de mayo del INDEC registraba para el Gran Buenos Aires un 22,2% de personas bajo la línea de pobreza.

Pero hay que tener cuidado con las comparaciones.

Las metodologías estadísticas, las coberturas y las condiciones económicas no son idénticas a las actuales.

Por eso, la pregunta más útil no es simplemente:

“¿Qué Presidente tuvo más pobres?”

La pregunta debería ser:

¿Cómo evolucionaron la pobreza, el empleo, los salarios, la inflación y la actividad económica durante cada gobierno?

Porque la evaluación política de una gestión no debería hacerse con una fotografía aislada.

Necesitamos mirar la película.

Caputo y la promesa de los “18 mejores meses”

Este punto conecta directamente con la discusión sobre el relato y los resultados.

No es una frase aislada…

El 14 de abril de 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que los siguientes 18 meses serían los mejores que Argentina hubiera visto en las últimas décadas, vinculando esa expectativa con la desinflación, el crecimiento y la inversión.

La frase tiene una importancia política porque no fue simplemente una descripción del presente.

Fue una promesa sobre el futuro.

Y las promesas de un gobierno también forman parte de su evaluación.

Por eso, cinco meses después, resulta razonable volver sobre aquella afirmación y preguntarnos:

¿Qué muestran los indicadores?

El INDEC informó que en julio de 2026 la actividad económica cayó 2,9% respecto de junio, aunque la comparación interanual mostró una caída menor, del 1,4%.

Al mismo tiempo, la inflación de agosto fue del 1,7%, mientras que la tasa de desocupación del segundo trimestre llegó al 7,9%.

Es decir:

la desinflación es un dato.

La pobreza es otro dato.

La actividad económica es otro.

El desempleo es otro.

Y ninguno de ellos, por sí solo, explica toda la realidad argentina.

El problema de mirar solamente un indicador

Acá aparece uno de los errores más frecuentes del debate político.

Si alguien dice:

“La inflación bajó, por lo tanto la economía está bien”, está tomando un indicador y convirtiéndolo en explicación total.

Pero también sería incorrecto afirmar:

“La pobreza subió, por lo tanto todo está peor”, porque eso también reduce una realidad compleja a un solo número.

La política económica funciona como un sistema.

La inflación afecta el poder adquisitivo.

El empleo determina ingresos.

La actividad económica influye sobre la generación de trabajo y producción.

Los salarios determinan capacidad de consumo.

Y la pobreza permite observar la relación entre los ingresos de los hogares y el costo de una canasta básica.

Por eso, una macroeconomía estabilizada no significa automáticamente que todos los argentinos estén viviendo mejor.

La estabilidad puede ser una condición para una recuperación social, pero no es sinónimo de bienestar social.

Ahí está una de las claves para evaluar una gestión.

La corbata de Adam Smith: cuando la política también comunica con símbolos

Pero hay otro elemento que permite conectar la economía con la política.

Durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Javier Milei utilizó una corbata con la figura de Adam Smith.

El propio Presidente explicó posteriormente que la prenda tenía un significado político e ideológico y la vinculó con la tradición liberal y con Milton Friedman.

¿Por qué una corbata puede ser políticamente importante?

Porque la política no se comunica solamente mediante leyes, decretos o discursos.

También se comunica mediante símbolos.

Milei no solamente habló ante la ONU.

También construyó una escena política:

Javier Milei + Naciones Unidas + Adam Smith + mercado + libertad económica + inteligencia artificial + soberanía nacional.

La imagen forma parte del mensaje.

Y desde la Ciencia Política podemos analizarla como una forma de construcción de identidad política.

El Presidente está diciendo quién es, qué ideas representa y desde qué tradición intelectual pretende interpretar la realidad.

De la economía interna a la política internacional

Y acá aparece otro punto que conecta con el anterior.

Milei utilizó la Asamblea General de Naciones Unidas para volver a colocar a Malvinas en el centro de su discurso.

El Gobierno argentino informó que el Presidente reivindicó la soberanía sobre las islas, pidió al Reino Unido reanudar las negociaciones y sostuvo que Malvinas constituye una causa nacional.

Pero, al mismo tiempo, Milei cuestionó fuertemente el funcionamiento de Naciones Unidas y sostuvo que Argentina no esperaría pasivamente a que el organismo estuviera a la altura de su mandato.

Y aquí aparece una cuestión interesante para analizar.

Argentina utiliza un escenario multilateral para defender una causa nacional mientras el propio Presidente cuestiona el funcionamiento de esa institución multilateral.

No es necesario convertir esto en una opinión.

Es una tensión política que merece ser observada.

Porque una cosa es el objetivo diplomático —reafirmar el reclamo argentino por Malvinas— y otra es la estrategia utilizada para hacerlo.

Y la política exterior también se evalúa por sus resultados, sus alianzas y su capacidad para defender los intereses nacionales.

Entonces, ¿relato o realidad?

Tal vez la pregunta inicial tenga una respuesta diferente.

No es relato o realidad.

En política existen las dos dimensiones.

El relato es parte del poder porque construye sentido.

Los símbolos construyen identidad.

Los discursos construyen expectativas.

Las promesas construyen horizontes.

Pero los indicadores permiten contrastar esas expectativas con los resultados.

Por eso, cuando analizamos al Gobierno de Javier Milei, podemos observar simultáneamente:

1,7% de inflación en agosto.

7,9% de desocupación en el segundo trimestre.

32,3% de pobreza.

7,5% de indigencia.

-2,9% de actividad económica en julio respecto de junio.

Cada número cuenta una parte de la historia.

Ninguno cuenta toda la historia.

El verdadero examen de una gestión

Al final del día, los Presidentes son evaluados por una combinación de factores.

La política exterior importa.

La inflación importa.

El crecimiento importa.

El empleo importa.

El salario importa.

La pobreza importa.

La capacidad de gobernar también importa.

Y, fundamentalmente, importa cómo esos resultados llegan a la vida cotidiana de la sociedad.

Porque detrás de un porcentaje hay personas.

Detrás del 32,3% de pobreza hay millones de argentinos.

Y detrás del 7,5% de indigencia hay personas cuyos ingresos no alcanzan para cubrir una canasta básica alimentaria.

Por eso, frente a cada dato deberíamos hacernos cuatro preguntas:

¿Mejoró o empeoró?

¿Comparado con cuándo?

¿Para quién?

¿Y qué otros indicadores acompañan ese resultado?

Ese es el trabajo del análisis político.

No tomar el relato oficial como verdad absoluta.

Pero tampoco rechazarlo automáticamente.

Contrastar. Comparar. Contextualizar. Analizar.

Porque una gestión no se define solamente por lo que promete, ni solamente por un número.

Se define en la relación entre lo que un gobierno dice, lo que hace y los resultados que finalmente produce en la sociedad.

Y ahí está, quizás, el verdadero examen de cualquier Presidente:

la distancia entre el relato y la realidad.

Momento Político.

Acá no solamente leemos títulos: acá los analizamo

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