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¿DERECHA EN ASCENSO O DESGASTE DEL OFICIALISMO?

8 oct
7 min de lectura

Una mirada desde la Ciencia Política sobre el nuevo escenario político latinoamericano

Por el Lic. en Ciencia Política Antonio Tony Gallardo

¿Está ganando la derecha en América Latina o están perdiendo los oficialismos?

La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella existe un fenómeno político mucho más complejo: el comportamiento de electorados cada vez más volátiles, menos identificados con los partidos tradicionales y, fundamentalmente, más dispuestos a castigar a quienes gobiernan.
La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella existe un fenómeno político mucho más complejo: el comportamiento de electorados cada vez más volátiles, menos identificados con los partidos tradicionales y, fundamentalmente, más dispuestos a castigar a quienes gobiernan.

En una nueva columna de Momento Político, conversamos con el Lic. Gonzalo Calvo, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, para analizar el escenario político latinoamericano y particularmente la elección brasileña.

La primera conclusión que surge de la conversación es que probablemente estamos frente a dos fenómenos simultáneos: por un lado, el crecimiento de fuerzas y candidatos ubicados hacia la derecha del espectro político; por otro, una creciente dificultad de los oficialismos para conservar el poder.

¿El electorado se volvió de derecha?

Calvo plantea una cuestión central: todavía resulta difícil determinar si las derechas están creciendo porque las sociedades se están desplazando ideológicamente hacia ellas o si, en realidad, estamos observando una reacción contra los gobiernos de turno.

Esta diferencia es fundamental.

Una cosa es que un ciudadano modifique su identidad política y adopte determinadas posiciones ideológicas. Otra muy distinta es que vote a un candidato opositor simplemente para expresar su descontento con quien gobierna.

En este segundo escenario, no necesariamente estamos frente a un electorado que se volvió de derecha. Estamos frente a un voto de castigo.

La cuestión adquiere mayor relevancia si observamos lo ocurrido en distintas democracias occidentales después de la pandemia. Según el análisis de Calvo, se fortaleció una tendencia hacia la alternancia: a los oficialismos les cuesta cada vez más repetir en el poder.

América Latina, por sus sistemas presidencialistas y por la renovación periódica de los gobiernos, permite observar este fenómeno con particular claridad.

Brasil como laboratorio político

Brasil aparece como uno de los escenarios centrales para comprender este proceso.

La elección brasileña muestra una fuerte polarización y una concentración del voto entre los principales candidatos. Pero, más allá del resultado electoral, existe otro dato políticamente significativo: una parte importante del electorado no se encuentra necesariamente identificada con ninguno de los polos.

El voto blanco, el voto nulo, la abstención y los sufragios obtenidos por otras fuerzas constituyen un universo político que no debería ser ignorado.

Esto significa que una elección no se define únicamente por quienes votan por los dos candidatos principales. También importa analizar quiénes no participan, quiénes votan en blanco o anulan su voto y quiénes optan por terceras alternativas.

La segunda vuelta, además, modifica la lógica electoral. En una primera vuelta, el ciudadano puede votar por una opción que representa su identidad o preferencia. En una segunda vuelta, en cambio, muchas veces debe elegir entre dos alternativas que no necesariamente representan completamente sus preferencias.

Por eso, el comportamiento de los votantes puede cambiar.

De la “marea rosa” a la volatilidad electoral

Durante los primeros años del siglo XXI, América Latina atravesó un período conocido habitualmente como el ciclo de gobiernos progresistas o la denominada “marea rosa”.

Ese proceso tuvo una duración aproximada de una década y media, con gobiernos de diferentes características pero con una orientación general hacia posiciones progresistas o de izquierda.

Posteriormente, el mapa político comenzó a modificarse.

Aparecieron gobiernos y liderazgos de centro derecha y derecha en distintos países. Luego, nuevamente, algunos gobiernos progresistas recuperaron espacios.

Lo interesante, entonces, no es solamente observar si América Latina gira hacia la derecha o hacia la izquierda.

La cuestión más profunda es que el electorado latinoamericano parece haberse vuelto más volátil.

Los ciclos políticos son más cortos y las lealtades partidarias parecen menos estables.

Esto genera un escenario en el que los partidos tradicionales tienen mayores dificultades para garantizar la continuidad de sus gobiernos.

El voto bronca y el voto miedo

Uno de los conceptos más interesantes que aparece en la conversación es el del “voto bronca”.

Se trata de un voto que no necesariamente expresa una adhesión ideológica profunda, sino una reacción frente a una situación política determinada.

En algunos casos puede ser bronca.

En otros, miedo.

Y en otros, simplemente una búsqueda de una alternativa.

Esto ayuda a explicar por qué determinados candidatos pueden obtener un importante respaldo electoral y, posteriormente, enfrentar niveles significativos de rechazo.

El fenómeno también puede observarse en diferentes países de la región.

El votante puede elegir una determinada fuerza política en una elección y cambiar su decisión en la siguiente, no necesariamente porque haya modificado completamente su ideología, sino porque evalúa de manera diferente la situación política, económica y social.

La política internacional entra cada vez más en las elecciones nacionales

Otro aspecto destacado por Calvo es que la política internacional tiene una influencia creciente sobre las decisiones nacionales.

La competencia entre grandes potencias, la relación entre Estados Unidos y China, el papel de Rusia, India y los BRICS, y las tensiones dentro del propio bloque occidental conforman un escenario internacional mucho más complejo.

En este contexto, Brasil adquiere una importancia estratégica.

No solamente por su peso demográfico y económico, sino también por su posición internacional y por su participación en los BRICS.

Brasil mantiene históricamente una política exterior con importantes elementos de continuidad. Incluso cuando cambia el signo político del gobierno, determinadas relaciones estratégicas y políticas de Estado permanecen.

Esta característica diferencia al sistema brasileño de otros países de la región donde las políticas exteriores pueden experimentar mayores oscilaciones con cada cambio presidencial.

¿Qué ocurre con los oficialismos?

La pregunta central vuelve entonces a aparecer.

¿Estamos ante una derechización de América Latina o ante un creciente rechazo hacia los gobiernos de turno?

La respuesta de Calvo apunta hacia la segunda hipótesis, aunque sin descartar la existencia de fuertes batallas ideológicas y culturales.

El problema para los oficialismos es que cada vez resulta más difícil gobernar en sociedades fragmentadas.

Los ciudadanos exigen resultados concretos, mientras que los gobiernos necesitan construir consensos para implementar políticas que muchas veces requieren tiempo.

Aquí aparece una tensión fundamental de la democracia contemporánea:

los gobiernos necesitan tiempo para gobernar, pero los ciudadanos tienen cada vez menos paciencia para esperar resultados.

El crecimiento de los outsiders

Cuando aumenta la disconformidad con los partidos tradicionales, aparece otro fenómeno: el crecimiento de los llamados outsiders.

Son figuras que se presentan como alternativas a la política tradicional o que construyen su identidad precisamente a partir de la crítica al sistema partidario existente.

El fenómeno no es exclusivamente latinoamericano.

Pero en América Latina encuentra un terreno particularmente fértil debido a la crisis de representación, la pérdida de confianza en determinadas instituciones y la percepción de que los partidos tradicionales no siempre responden a las demandas sociales.

La cuestión es que el crecimiento de los outsiders también puede generar nuevos interrogantes.

¿Se trata de una transformación permanente del sistema político o de una reacción electoral circunstancial?

La respuesta solamente puede encontrarse observando la evolución de los comportamientos electorales a lo largo del tiempo.

Una ciudadanía cada vez más fluctuante

Uno de los puntos más importantes del análisis es la existencia de una creciente franja de ciudadanos que no posee una identificación política estable.

Ese elector puede cambiar de partido, de candidato o incluso de orientación electoral de una elección a otra.

Los núcleos duros de votantes continúan existiendo, pero entre ellos aparece una población más amplia que decide en función de la coyuntura.

Esto convierte a las elecciones en escenarios mucho más competitivos y difíciles de predecir.

También genera un desafío para los gobiernos.

Un oficialismo que llega al poder con una determinada coalición electoral puede encontrarse rápidamente con una sociedad que comienza a exigir resultados diferentes.

El verdadero desafío: construir políticas de Estado

El problema de fondo quizás no sea solamente quién gana una elección.

El desafío político consiste en determinar si las democracias pueden construir políticas de Estado sostenidas en el tiempo, más allá de los cambios de gobierno.

Porque si cada elección significa un cambio completo de rumbo, resulta difícil sostener políticas públicas de largo plazo.

Y esto tiene consecuencias económicas, institucionales y sociales.

La democracia necesita alternancia, pero también necesita determinados niveles de continuidad institucional.

Por eso, el desafío no consiste simplemente en determinar si gana la derecha o la izquierda.

La pregunta más profunda es otra:

¿Cómo construir sociedades democráticas capaces de procesar el descontento sin convertir cada elección en un cambio absoluto de rumbo?

La política bajo una nueva lógica

La conversación con Gonzalo Calvo permite observar que la política latinoamericana atraviesa una etapa de transformación.

Ya no alcanza con analizar las elecciones exclusivamente desde el eje izquierda-derecha.

Hay que incorporar otras variables: descontento, abstención, fragmentación, polarización, crisis de representación, outsiders, comunicación política, guerras culturales y transformaciones del escenario internacional.

El elector contemporáneo no necesariamente permanece atado a una identidad partidaria.

Puede votar por un partido hoy y por otro mañana.

Puede apoyar a un gobierno y luego castigarlo.

Puede votar por una opción ideológica y, posteriormente, cambiar su decisión por razones económicas, sociales o simplemente por rechazo al oficialismo.

La pregunta que queda abierta

Entonces, ¿está ganando la derecha en América Latina?

La respuesta requiere evitar conclusiones apresuradas.

Hay derechas que han crecido electoralmente. También existen movimientos progresistas que continúan teniendo capacidad de representación. Pero, por encima de ambos fenómenos, aparece una característica común: la creciente volatilidad del electorado y la dificultad de los oficialismos para sostener el poder.

El verdadero cambio puede estar ocurriendo en otro lugar.

No necesariamente en el desplazamiento definitivo del electorado hacia una determinada ideología, sino en la transformación de la relación entre ciudadanos, partidos y gobiernos.

El votante parece estar diciendo cada vez con mayor claridad que su apoyo no es permanente.

Y para los gobiernos, esto significa algo muy concreto:

ganar una elección ya no garantiza la construcción de una mayoría política estable.

Ese quizás sea uno de los principales desafíos de la política latinoamericana contemporánea.

Esto es Momento Político. Acá no solamente leemos los títulos: los analizamos.

 


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